OposiciónPermanente/El Periódico de Catalunya.- Una noticia simpática e interesante a la vez.
Allí poetas inclasificables como David Castillo, David Imbernon, Carles Hac Mor, Anna Aguilar y ese imponente profeta de la inocencia que es Jesús Lizano regalaron aire puro y mucho buen humor a un grupo de 100 reclusos, entre ellos rumanos, magrebís, latinos y locales, que poco a poco, carcajada a carcajada, ovación a ovación, fueron rindiéndose ante la evidencia. “Yo no sabía que un recital de poesía podía ser tan divertido”, afirmaba uno de ellos. Mucho mejor que un concierto de heavy metal.
El acto, uno de los convocados por el festival Barcelona Poesía, logró colar de rondón la palabra poética en el pequeño auditorio del centro, con su descascarillada tarima, su telón rojo y su aspecto de teatrito de colegio, en contraste con su variopinta platea de hombres hechos, derechos y deshechos. La poesía es una de las asignaturas que estudian tras los muros, pero es, sobre todo, uno de esos vicios que practican en soledad y que solo en ocasiones como ésta se atreven a mostrar en público. David Castillo, organizado de la semana poética, hábil maestro de ceremonias, les animó a que subieran a la tarima para convertirse en rapsodas: “No todos pueden ser arquitectos pero todo el mundo puede escribir poesía. La poesía es de todos”.
Si efectivamente, uno de los temas preferidos por los presos que elaboran revistas en los centros es la poesía. Seguir leyendo artículo.








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